DE 0003
Sprache und Denken
Ich hatte vor kurzem eine unglückliche Diskussion über den Zusammenhang von Sprache und Denken, genauer, über die Frage, ob und inwiefern das Denken vom Sprechen abhängt. Unglücklich deshalb, weil es mir in der Diskussion nicht gelungen ist, die Sorge meines Gesprächspartners zu identifizieren, die ihn veranlasst den Standpunkt als absurd abzutun, dass das Denken von der Sprache abhänge.
Ich werde also zunächst einmal versuchen zu erraten, aus dem was ich von der Diskussion erinnere und ansonsten mit Hilfe von Spekulationen, was meinen lieben Kontrahenten zu diesem Standpunkt führt.
Wenn ich den Standpunkt richtig verstehe, dann geht es im wesentlichen darum, dass die Sprache als im evolutiven Sinn späte Erwerbung der Art Mensch gesehen wird, die uns in ihrer Sophistikation von anderen Tierarten unterscheidet, während wir viele andere Charakteristika besonders mit uns evolutiv nahe stehenden Tierarten teilen, namentlich mit den Säugetieren. Eine dieser Charakteristika ist die Kapazität in einer Weise zu denken, die eben nicht von der Sprache abhängt; zum Beispiel, dass man (wenn man ein Hund ist) gegen einen oder zwei kleinere Hunde zum Angriff übergehen kann, dass man aber gegen ein Rudel von Hunden die Flucht ergreift [dieses Beispiel kopiere ich ungefähr von Michael Dummett's Origins of Analytical Philosophy, Harvard University Press; Cambridge, Mass.; 1996].
Gegenüber dieser grundsätzlichen Kapazität erscheint die sprachliche Kommunikation im menschlichen Sinn als etwas oberflächliches, als rein kulturelles Gut, das dem grundsätzlichen, instinktiven und auch reflexiven Verhalten, das wir mit anderen Säugetieren teilen, aufgepfropft ist, und keinen substantiellen evolutiven Unterschied macht.
In diesem Sinn ist das menschliche Handeln sehr viel mehr durch "primitive" Instinkte geprägt und das kulturelle Verhalten, zu dem auch die Sprache gehört, sitzt an der Oberfläche und wird leicht abgeschüttelt, wie man ja (manchmal zu unserem Entsetzen) in Extremsituationen oft beobachten muss.
Ich bin ein sehr einseitig gebildeter philosophischer Arbeiter und kann keinen bekannten Denker mit einer solchen Position identifizieren; es wäre aber erstaunlich, wenn es keinen gäbe. Wie immer es sich damit verhalten mag, ich will im nächsten Beitrag versuchen mich mit dieser Position auseinanderzusetzen. Mit etwas Glück, hören wir inzwischen ob ich die Position meines Gesprächspartners einigermaßen treffend wiedergegeben habe.
Monday, May 9, 2016
Friday, October 9, 2015
DE 0002
Ludwig
Wittgenstein hat Gottlob Frege sein Leben lang als profunden Denker und auch
als Mensch geschätzt. Vgl. Erich Recks Aufsatz »Wittgenstein’s
„great debt“ to Frege« in From Frege to
Wittgenstein: Perspectives of Early Analytic Philosophy, Erich H. Reck,
ed.; Oxford University Press; New York; 2002 oder auch Cora Diamonds Beitrag „Inheriting
from Frege: the work of reception, as Wittgenstein did it“ zu The Cambridge Companion de Frege,
Michael Potter and Tom Ricketts, ed.; Cambridge University Press; Cambridge; 2010, in dem sie eine Parallele sieht zwischen
der Art, in der Frege den genialen Philosophen Immanuel Kant kritisch
diskutiert, und Wittgensteins kritische Behandlung Freges im Tractatus, der zu einem viel größeren
Teil direkt von den Diskussionen mit Frege inspiriert ist, als gemeinhin
angenommen wird, wenn man den Tractatus
im Wesentlichen als Weiterentwicklung des Logizismus von Russell und als
Verwerfung der Thesen Freges sehen will. Wittgenstein, ganz anders ans Baker
& Hacker, zum Beispiel (Logical
Excavations), die in Frege einen halben Mathematiker und einen halben
Philosophen sehen, also niemanden, den man wirklich ernst nehmen muss, und im
Unterschied zu den Zeitgenossen Freges, die seine Revolution der Logik kaum
wahrgenommen haben, hat Wittgenstein die philosophische Tiefe des Logikers aus
Wismar zum Kompass seiner eigenen philosophischen Suche gemacht.
Schon Hans Sluga
hat darauf hingewiesen („Truth before Tarski“ in Alfred Tarski and the Vienna Circle, J. Wolenski & E. Köhler,
eds.; Kluver; Dordrecht; 1999), dass wir
den Fortschritt in unserer formalen Beherrschung der Wahrheit damit erkauft
haben, dass „uns einige der tiefsten Einsichten in Bezug auf das philosophische
Problem der Wahrheit entschlüpft sind.“ (zitiert nach Cora Diamond: „Truth
before Tarski“ in Erich Reck ed., op.cit.); in etwa die selbe Richtung zielen
auch Arbeiten von van Heijenoort, Hintikka, Ricketts, Goldfarb, Conant, Haaparante,
Weiner, u.v.a.m.
Meine nächsten
Beiträge werden wohl zunächst in der Hauptsache Berichte sein über die
Sichtweise, die diese und andere Autoren über die Rezeption Freges durch
Wittgenstein und inwieweit eine Revision dieses Aspekts der Geschichte der
(analytischen) Philosophie auch eine neue Diskussion des Tractatus selber notwendig macht. Im Zuge dieser Betrachtung werden
wir sicher auch über Conants Unterscheidung zwischen „standard“ oder „orthodoxen“
einerseits und „resoluten“ Wittgensteinlesern andererseits nachdenken.
Ich denke, damit
haben wir zunächst ein recht dichtes Programm.
Wednesday, September 9, 2015
E 0050
Intento ahora regresar a mi discusión del argumento de
Frege en § 31 de GGA I, después de una pausa excesivamente larga.
Sobre todo en el mensaje # 0038, pero no sólo ahí, yo
había intentado descreditar la afirmación de Dummett y de otros que Frege no
tiene éxito en su intento de demostrar que todos los nombres de la
conceptografía tienen significado, ya que piensan que su argumento es circular.
Quiero ahora muy brevemente resumir un argumento diferente de Joan Weiner que
tiene el mismo objetivo, que se encuentra publicado en la antología editada por
Erich H. Reck, From Frege to Wittgenstein,
un libro que, ciertamente, recomiendo ampliamente. En su argumento Weiner da
razones adicionales y diferentes de las mías para pensar que Frege está
proponiendo –al menos implícitamente- una teoría semántica, o como ella lo
llama, una metateoría sobre los lenguajes simbólicos. Si Frege estuviera
tratando de demostrar, como sugiere la lectura “estándar”, que cada nombre en
el lenguaje simbólico usado en GGA I denota una entidad extra-lingüística,
entonces tal argumento efectivamente resultaría en una petición de principio.
Me parece que ella demuestra de manera muy convincente que Frege no hace ningún
intento de demostrar esto y, además, que tal demostración, si fuera posible, no
cumpliera ningún objetivo en la construcción de sistema que Frege pretende.
El argumento de Weiner es muy detallado y no pretendo
presentar aquí más que algunas de sus características más sobresalientes;
espero no distorsionarlo excesivamente. Lo que sigue será mi resumen de una
postura inspirada en la propuesta de
Weiner; no me importa demasiado representar un resumen fiel a las ideas de su
ensayo. Más bien me importa sacar adelante nuestra discusión sobre Frege.
Recomiendo, en todo caso, la lectura del ensayo de Weiner y, todavía más, el de
todo el libro.
Una de las primeras cosas que debemos tener en cuenta,
según Weiner, es que los nombres primitivos de la conceptografía son nombres de
funciones, no nombres de objetos. Lo que Frege tiene que asegurar es que estos
nombres de funciones tienen significado. Pero siendo nombres de funciones, su
significado no puede ser en ningún caso
un objeto extralingüístico. Es decir, la idea de que el párrafo 31 de Leyes
fundamentales tiene la tarea de asegurar que todos los nombres primitivos de la
conceptografía tengan un referente no tiene fundamento. Hay que distinguir
entre la preocupación de Frege de que los nombres de la conceptografía sean
significativos, y la exigencia muy distinta de que cada nombre propio designe
un objeto. Para enfatizarlo una vez más: en la conceptografía no existen
nombres propios primitivos ni simples.
En el índice de Grundgesetze
Frege da títulos a los diferentes párrafos. El título del § 31 es: “Nuestros
nombres simples significan algo”. Esto viene siguiendo al § 28 con el título, “Formación
correcta de los nombres”, § 29 “¿Cuándo un nombre significa algo?” y § 30 “Dos
maneras de formar un nombre”.
Después de lo que acabo de atribuir a Weiner, ‘significar
algo’ es sinónimo de ‘ser significativo’. Lo que ‘significar algo’ no quiere decir sin más calificación, es
‘ser nombre de un referente’.
Si se toma en serio lo anterior y los títulos que Frege
pone a sus párrafos o secciones del libro, es claro que el § 31 continúa con un
tema que empieza en el § 28 y cuyos detalles se siguen desarrollando en los
siguientes párrafos. En estos párrafos aprendemos que los nombres primitivos de
la conceptografía tienen garantizado su significado porque, siendo signos arbitrarios,
este significado se estipula para ellos. Un ejemplo de esto que vimos con
bastante detalle es la estipulación que Frege hace para determinar el
significado de los cursos de valor y su relación con los valores de verdad en
el § 10. Ahí, lo que Frege hace además, es asegurar que tal estipulación no
entra en conflicto con otras estipulaciones anteriores.
Todo lo que hace Frege, entonces, en el § 31 es continuar
con este tipo de estipulaciones a un nivel universal, usando lo explicado en
los §§ anteriores. No se ve por ninguna parte que Frege esté tratando de
formular ninguna teoría universal sobre la relación entre signos y entidades
extralingüísticas. Las afirmaciones contrarias de un gran número de eruditos,
empezando por Dummett y pasando por Kripke, parecen estar basadas meramente en
la expectativa que el sistema de Frege tiene
que tener semejante “metateoría”, como Weiner lo llama. Una vez más, tal
expectativa, nacida del paradigma “estándar”, parece frustrarse.
Esto no quiere decir que el § 31 bajo la lectura de Weiner
esté libre de problemas. Además, el asunto como lo presenté, probablemente, sea
excesivamente simplificado. Quizá entremos un poco más en detalles en uno de
los próximos mensajes en español.
Saturday, September 5, 2015
EN 0001
Kripke’s Frege
I have to
apologize, to start with, for the way I am writing this section of my blog: While
the style of my contributions in German and in Spanish may be lacking, I think I
may say with some justification that I do dominate these languages. It is true,
though, that definitively my German is still better than my Spanish. It’s a
different story with English. Thank you for your tolerance. If you go through
the trouble of commenting on my mistakes in syntax, grammar, idiom, etc., I
will greatly appreciate your help.
I have been
commenting on Kripke’s proposal to treat Fregean senses as objects of direct
acquaintance in Russellian style, sort of, in the Spanish section of this blog.
I plan on initiating the English section of the blog with a more explicit and
ample discussion of Kripke’s idea. My main point, though, will not be whether
Kripke is right or wrong; I think that would be something that cannot be
established. But rather, why I think dealing with Frege’s doctrine in a way
that would make it more compatible with Russell’s system is leading Frege scholarship
in particular and philosophy in general in a wrong direction.
But, of
course, what I’m going to try in concrete is to show that Kripke’s arguments,
one by one, are not helping Frege’s doctrine to become more acceptable, but
make it look even crazier than it already does under the “standard”
interpretation. And that neither his reading of Frege will therefore go as a
piece of scholarship, nor will the “standard” interpretation be able to
withstand in the long run the criticism flowing from a more balanced view of
Frege.
The paper
by Kripke I’m going to discuss here is
Saul A.
Kripke; “Frege’s Theory of Sense and Reference: Some Exegetical Notes” in Theoria, 2008, 74, 181–218 based on a
transcript of a lecture given in Stockholm, Sweden, on 24 October 2001. The
article is also re-published in Saul A. Kripke; Philosophical Troubles; Collected Papers, Volume I; Oxford
University Press; Oxford, New York; 2011.
‘”Standard”
interpretation’ is not meant as a clearly defined term. It refers vaguely to
the opinion that some parts of Frege’s doctrine cannot seriously be held; such
as: that sentences are names of truth values if they have a meaning at all, that
truth values are objects, that the concept horse is not a concept, things like
these, that can be found already argued against in Russell’s Appendix A of Principles of Mathematics or in Anscombe’s
An Introduction to Wittgenstein’s Tractatus.
Friday, September 4, 2015
DE 001
Das war nun eine lange schöpferische Pause. Dafür startet der neue Versuch auf Deutsch.
Das Thema ist
zunächst noch sehr vage. Hoffentlich wird es mit der Zeit spezifischer. Wie auch bei meinem spanischen Blog, ist das hier recht eigentlich eine Spielwiese, auf der ich meine unausgegorenen Ideen ausprobiere; wenn ich Glück habe, sagt
jemand was dazu und hilft mir so weiter.
Das
Überthema ist also
VON GRUNDGESETZE ZUM TRACTATUS
und ich
versuche dabei an Hans Slugas allgemeine Feststellung anzuknüpfen, dass wir mit
Tarskis semantischem Konzept der Wahrheit an technischem Geschick in der
Handhabung symbolischer Sprachen gewonnen haben, aber gegenüber Frege, Russell
und Wittgenstein an philosophischer Tiefe beim Nachdenken über das Problem der
Wahrheit verloren haben. Was ich andeuten will, ist, dass wir vielfach zu
leichtfertig von einem Erklärungsmodell ausgehen, das an unseren praktischen
und konventionellen Bedürfnissen orientiert ist. Die Motivation der
analytischen Philosophie, die eigene Vorgeschichte als die Genesis des
gegenwärtig als wahr und richtig anerkannten Weltbildes und der eigenen Methodologie zu lesen, ist zu beschränkt.
Ein etwas
konkreteres und näher liegendes Problem ist, dass Wittgenstein sich in seiner
Kritik an Elementen von Freges Lehre sich ja ganz einfach über die Gründe
hinweggesetzt zu haben scheint, die Frege für seine Behandlung dieser Fragen
hatte; der Zusammenbruch ihres Dialogs über den Tractatus mag ja auch damit zusammenhängen.
Ich möchte hier
versuchen einen Beitrag zur These zu leisten, dass Wittgenstein mindestens so
nahe an Frege war wie an Russell, und dass es trotz aller Unterschiede und
aller Kritik mehr Gemeinsames gab – vor allem im Vergleich mit der
philosophischen Entwicklung außerhalb des magischen Dreiecks
Frege-Russell-Wittgenstein. Aber es wird nicht ganz einfach sein das aufrecht
zu erhalten angesichts des an den Tag gelegten Unverständnisses Freges (wie
sollte er Wittgenstein in Richtung 6.54 folgen können?) und den Zweifeln, die
man daran hegen könnte, wie weit Wittgenstein Freges Motive für seine Lösungen
zutiefst in Rechnung gestellt hat.
Noch
konkreter möchte ich mit der folgenden Frage beginnen: Wenn ich Frege richtig
verstehe, dann ist für ihn die Einheit des Sinnes der Satz. Der Sinn von
Satzteilen, die selber kein Satz sind, entsteht durch die (willkürliche,
konventionelle) Zerlegung des Satzes. So entsteht auch Freges Auffassung des
Wahren als eines Gegenstandes. Im Tractatus
selber zeigt ja Wittgenstein mit keiner Miene, dass er Freges Motive
verstanden hat, sondern geht einfach von Russells Theorie der Beschreibungen
aus. Aber 2.0122 könnte man als ein Eingehen auf Freges Motive deuten, unter
einem Gesichtspunkt, der ansonsten Russells logischem Atomismus anzugehören
scheint. Aber dieses Thema droht immer noch auszuufern...
Ich habe
keine Ahnung wie regelmäßig ich an diesem Blog schreiben werde. Hegen Sie bitte
keine zu hohen Erwartungen.
# Ende des
ersten Beitrags auf Deutsch #
Wednesday, June 3, 2015
# 0049 Cabos sueltos:
Frege y la teoría semántica
Si puedo entonces resumir lo que encontramos ayer, podría
ser algo así como esto: el, así llamado “principio de Frege” que por ejemplo
Kripke invoca de manera elemental en sus propuestas en el ensayo “Frege’s
Theory of Sense and Reference: Some Exegetical Notes”, Theoria, 2008, 74, 181-218 es irrelevante para la construcción del
sistema científico tal como la plantea Frege, porque en ésta no hay nombres simples
sub-oracionales. Frege claramente pensaba que la oración es una imagen del
pensamiento y que partes de la oración corresponden a partes del pensamiento.
En cuanto a la lógica tiene que haber nombres como ‘la Luna’, ‘Estocolmo’ o ‘la
capital de Suecia’. Pero cómo se establece el sentido de estos nombres es una
cuestión que Frege no resuelve: no concierne a la lógica. Él sólo nota que para
entender una oración como “Estocolmo es la capital de Suecia” o “la luna tiene
una distancia media de la tierra de 384,400 km” necesitamos dominar el lenguaje
en general; el origen del sentido de estos nombres no se revela analizando
únicamente estas oraciones. Que estos sentidos sean elementos de “conocimiento
directo” análogamente a lo que Russell entiende por esto, interpretación que
según Kripke podría hacer viable una teoría semántica basada –supongo- en el “principio
de Frege”, no es algo que se le puede atribuir al inventor de la lógica moderna
originario de Wismar.
Sostengo, entonces, que no hay ninguna teoría semántica en
Frege, ni ninguna intención por su parte de elaborar semejante teoría. Lo que
sí hay, claramente, es una filosofía de lenguaje que viene, para así decir,
gratis junto con sus investigaciones en los fundamentos de la aritmética; haber
inventado la Begriffsschrift para
representar en forma pura las relaciones lógicas del pensamiento, es aplicar
determinada filosofía de lenguaje y Frege revela sus motivos y creencias al
respecto en múltiples ocasiones. No puede haber duda, entonces, que Frege hace
contribuciones, y bastante revolucionarias, a la filosofía de lenguaje.
Pienso que podemos regresar ahora al § 32 de Grundgesetze y la relación entre nociones como nombre, oración, pensamiento, sentido y significado que ahí se discute.
Tuesday, June 2, 2015
# 0048 Cabos
sueltos: Frege y la teoría semántica
Un tema que no hemos acabado del todo es cómo entender
correctamente lo que Frege dice en la sección § 32 de Grundgesetze acerca del sentido de las oraciones. Para esto cité
algunos mensajes atrás el siguiente pasaje de “Apuntes para Ludwig
Darmstädter”:
“Se tiene que
distinguir entre el sentido y el significado de un signo (palabra, expresión).
Cuando un astrónomo enuncia algo de la Luna, la propia Luna no es parte del
pensamiento expresado. La Luna misma es el significado de la expresión “la
Luna”. Esta expresión tiene que tener entonces, además de su significado, un
sentido, el cual puede ser componente de un pensamiento: la oración puede ser
considerada como un retrato del pensamiento de manera que a la proporción de la
parte respecto al todo en el pensamiento y a las partes de pensamientos
corresponden en lo general en la misma proporción las oraciones y las partes de
las oraciones.”
Lo que Frege aclara en este pasaje es que el significado de
‘la luna’ es la luna, pero que la luna no puede formar parte de ningún
pensamiento; la luna es pesada y viaja muy rápido, los pensamientos no tienen
peso y no ocupan ningún espacio. Quizá podríamos agregar que para Frege la luna
es real, mientras que los pensamientos son objetivos y sería preferible no
hablar de ellos como reales. Lo que en todo caso puede formar parte del
pensamiento no es la luna, sino el sentido de la expresión ‘la luna’, y es este
sentido el que establece que el significado de los signos ‘la luna’ sea la
luna.
Si esto fuera todo, quienes como Kripke identifican
‘sentido’ (fregeano) con lo que usualmente se llama ‘significado’ y
‘significado’ (fregeano) con ‘referente’ tendrían razón, y quienes piensan que Frege
establece aquí una teoría general de significado al menos en sus contornos
generales, también. Dejemos esto así, por el momento.
El pasaje citado continúa así:
“En el reino del
significado la situación es diferente. No se puede decir que Suecia sea una
parte de la capital de Suecia. El mismo objeto puede ser el significado de
diferentes expresiones y alguna de estas expresiones puede tener un sentido que
será diferente del sentido de otra de estas expresiones. La coincidencia en el
reino del significado puede venir acompañada de una distinción en el reino de
los sentidos. Así, es posible que una oración de la forma “A = B” exprese un
pensamiento que esté más lleno de contenido que un pálido ejemplo de la ley de
identidad. Un reconocimiento puede ser mucho.”
El objetivo principal de estos pasajes es evidentemente
arrojar alguna luz sobre la distinción que Frege hace entre sentido y
significado, y esto aparentemente para alguien no familiarizado con su
doctrina. Por esto quizá le haya parecido lo más natural partir de expresiones
que tienen, sin duda, significado; y explicar a mano de éstas cómo es que el
sentido de los símbolos es lo que establece el significado de éstos. Un poco
más adelante en el texto reclamará que también las oraciones enteras tienen un
sentido, y vía este sentido, un significado. Todo aquí parece indicar que el
sentido de las oraciones enteras lo construimos a partir del sentido de las
expresiones que las componen. Y así parece ser que e.g. Kripke entiende lo que
él llama “la doctrina de Frege”.
Pero, como sabemos, en su construcción de sistema Frege no
procede así. Allí rige el principio de contexto, en el cual el sentido de las
expresiones suboracionales procede del sentido de la oración entera. Las partes
en las que analizamos las oraciones enteras dependen de cuál parte de la
oración la tomamos como el argumento y cuál como la parte predicativa – Frege acaba
con la idea de que el análisis lógico debe proceder, e.g., en términos de
sujeto y predicado. Y en la construcción del sistema emprendida en Grundgesetze, las unidades mínimas de
significado siempre son oraciones enteras y lo que estas significan, valores de
verdad; o se trata de los objetos basados en oraciones enteras, las extensiones
de conceptos.
Yo pienso que si se quiere mantener la idea de que en los
pasajes arriba Frege enuncia elementos de una teoría semántica y no da
meramente ejemplos tomados del lenguaje de uso diario para ilustrar un
determinado punto de su teoría, debería haber algún gesto hacia la construcción
de una conexión entre tal teoría semántica y los elementos constructivos de Grundgesetze. Pero no hay nada de esto,
hasta donde sé.
La actitud de Frege tenía, más bien, una orientación en sentido opuesto: el pensamiento para Frege es objetivo, pero no lingüístico. Le damos expresión al pensamiento vía nuestro lenguaje, pero no es el objetivo del lenguaje revelar la estructura del pensamiento. Una idea muy parecida la encontramos también en el Tractatus, en particular en 4.002. Lo que Frege trataba de hacer es “liberar” el análisis de la vestimenta del lenguaje natural que hace difícil ver su estructura. Frege también deploraba el nombre que él le dio a este simbolismo libertador: Conceptografía. No se trata de encontrar una notación para los conceptos, sino para los pensamientos y sus relaciones. Lo que también induce al error es hablar de la conceptografía como de un lenguaje – pues no era un lenguaje lo que Frege quería construir, sino un sistema simbólico para representar el mundo de los pensamientos sin otros objetivos que el de estudiar a través de este sistema las leyes del ser verdadero.
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